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crónica de viaje a África I y II

Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 3rd, 16, 07:26

me puse al lado del coche y con el dedo marque por donde le llegaría el agua al pasar, y si yo conseguí pasar, era señal de que corriente fuerte no había. Pero seguro?? me decía Rut. No estaba convencida. La miré y supongo que ya me entendió, porque cogió los pasaportes y el dinero, los metió en una bolsa estanca y esta, a su vez, en una mochila con una botella de agua. Ella ya se había hecho su kit de supervivencia.

Nos metimos en el coche, pusimos el 4x4, las reductoras, y Rut se abrazó a la mochila. Fuimos encarando el escalón de entrada que para mi era lo peor, y como si fuese el final de la subida de una montaña rusa, el coche bajó de golpe y hundió el morro en el agua. Un golpe de gas y ya estábamos de lleno en el rio. Traccionaba perfecto, ninguna derrapada. Le íbamos rascando metros a la otra orilla. Veía el agua de mi lado, como chocaba con el lateral del Nissan, pero nada preocupante. Solté un alivio cuando llegamos a la parte de los dos palmos de profundidad, era el ecuador y ahora vendría el tramo más profundo, era la vena del río. Todo bien Rut??, no decía nada. Tenía los ojos clavados en el otro lado, todo su cuerpo era un nervio. Ella siempre dice que nació sin adrenalina en su cuerpo, aquel día, fue la primera vez que notó que tenía.

Un respiro y para delante, de nuevo otro escalón y ya teníamos el agua a la altura del capó, esto ya daba más respeto, gas, gas, y un último acelerón para subir la rampa final. Por fin, lo conseguimos, lo habíamos logrado, los tres estábamos en la otra orilla. Fue un abrazo tan fuerte el que me dio Rut, tan agradecido, tan vivo. No pudimos ocultar tanta emoción, no hacia falta. Nuestros ojos eran todo alegría y vivencia.

Nos dimos una larga pausa para saborear el final de esta aventura dentro de la aventura, nos sentamos a comentarlo todo, detalle por detalle, mientras observábamos el agua. Aún nos temblaba la voz, todavía se tenían que asentar las emociones. Era momento de volver a coger el mapa y averiguar o por lo menos intentar deducir, donde acabaríamos si seguíamos la pista. Estábamos lejísimos de todo. Mirábamos el GPS, y bajábamos la mirada al mapa. Como la pista era tan errática, no podías tener claro el rumbo que seguía, pero todo apuntaba que por algún sitio más al Sur de Pita pudiese ser que apareciésemos.

Era el momento de ponerse otra vez por faena, de seguir adelante, habíamos conseguido pasar una barrera de la ruta. A los pocos metros me dice Rut: Oscar y ese ruido??. Era verdad, con tanto trabajo, me olvidé del ruido. Esto no había acabado. Era un sonido que inundaba el valle, un ruido arrítmico, con subidas y bajadas de tono, de algo muy grande rompiéndose al caer pero de manera continuada. Venía del final del río.

Nos pusimos a mirar si había alguna traza de caminejo que llevase para allí. Por el mismo río no se podía, y atravesar el puente de nuevo en la búsqueda de un camino, no era viable por el estado en el que estaba, solo quedaba abrirse paso entre la maleza, y intentar encontrar su parte más débil para poder progresar. Nos hicimos de un palo para ir golpeando las ramas, las zarzas y de esta manera, poco a poco, le fuimos ganando terreno a la vegetación. Unos metros más y llegamos al río, el ruido ya era mucho más evidente, y ya hacía rato que sin decirlo, sabíamos de lo que se trataba.

Progresamos unos metros más y allí estaba. Era un gran salto de agua. Fue sublime encontrarlo de esta manera, fue un regalo, la coronación del viaje, fue una de las respuesta a esa pregunta, de porqué África engancha tanto. Aquí todavía puedes experimentar una aventura real, una aventura sin control, buscada sin quererlo con tus propios medios y sin un cinturón de seguridad que te salve en caso de impacto. África te hace sentir vivo y especial. Puede aburrirte y en un mismo segundo desbordarte la emoción. Puede hacerte sentir el dueño de tus asuntos y en un mismo sentir robarte la cartera y dejarte sin nada.

No tenemos palabras para describir lo que sentíamos. Todo se atropellaba, sentimientos, palabras, razonamiento, recuerdos. Nos sentamos a contemplar aquella maravilla, a sentirnos abrazados por la neblina que levantaba, a dejar marchar la vista hacía los rincones verdes de la vegetación, a escuchar el atronador ruido de la naturaleza. Nos acordamos de Asier, el aquí hubiese explorado hasta los confines del río.
oskar
 
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 3rd, 16, 07:28

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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 3rd, 16, 07:29

Pusimos rumbo Norte, otra vez hacia Labé, volvíamos de nuevo a la seguridad del asfalto, seguridad psicológica. En estos países es mucho más seguro circular por pistas que por carretera, pero teníamos que movernos hacia otras latitudes, corríamos el peligro de quedarnos perpetuamente perdidos entre cascadas, puentes y aldeas perdidas, en aventuras infinitas descubriendo nuevos rincones. Dejamos atrás tantísimos deberes aquí en Guinea.

Labé, es una ciudad, de 400000 habitantes, es la típica ciudad africana caótica que nosotros utilizamos para aprovisionarnos de dinero, comida, gasoil y si tenemos suerte, encontrar un "oasis", donde revisar el coche, repasar las cuentas, poner orden a tantos pensamientos y vivencias y pensar en la futura ruta. Veníamos avisados de que aquí en Labé, existía un hotel, que en su día construyó un Italiano, y que ahora era regentado por su mujer, una Guineana simpatiquísima. Es el hotel Tata, y el lo más parecido a uno de nuestros "oasis".

Aquí conocimos, de primera mano, la función que tienen algunas organizaciones, para poder llevar un control exterior de como el país vuelve o va hacia la "normalización". Estuvimos hablando con dos chicas francesas que se dedicaban, una a inspeccionar las cárceles de todo el país, y la otra, los hospitales. Nos daban algunos detalles pero tampoco quisimos saber más.

Habían pocos turistas, pero como suele ocurrir en estos sitios, aquí no hay ni fronteras para la timidez, ni fronteras en cuanto al idioma, ni nada semejante a lejanía con otras personas de tu mismo color de piel. Veías a un blanco entrar y o el se acercaba a ti o tu te acercabas a el. Supongo que todos queremos lo mismo, un roce, un guiño a la seguridad, ampliar tu confort, un saber que no eres tu el único loco que viene por aquí.

Partíamos hacia la Dama de Mali, nos contaron historias, nos dibujaron su perfil, vimos incluso fotos de su erótica linea, íbamos predispuestos a encontrarnos algo realmente exótico, algo de lo que solo la naturaleza y sus fenómenos son capaces de conseguir. El camino hacia ella fue largo y lleno de agujeros, muchísima calor y algo de fatiga, polvo, mucho polvo, no recuerdo donde se acabó lo negro para empezar de nuevo lo marrón, lo rojo. Todo amante tiene que pelear para conseguir a su amada, igual que todo aventurero vivir su aventura y no teníamos claro de si realmente, tanto camino iba a merecernos la pena.

Fuimos siguiendo las indicaciones de los locales. La pista cada vez se ponía peor y subía concienzuda hacía el cielo. Donde esta nuestra Dama? nos íbamos preguntando, donde está esta mujer?, Por fin llegamos a la cima de las montaña, a la cima de la montaña de las montañas en Guinea. Era un lugar especial, era un espacio yermo, un rectángulo casi perfecto, donde los límites los ponían los árboles y las rocas. Paramos el Nissan y caminamos hacia límite del rectángulo. Fuertes rachas de viento impactaban en nuestros rostros, era agradecido. El ambiente era mágico, el sol estaba cayendo, el aire nos envolvía, un forro polar nos protegía del minúsculo frío y el vacío se acercaba.

Estábamos en el final del mundo perfecto, estábamos en el final de Guinea. Tuvimos sensaciones conocidas, como cuando te asomas a un acantilado y ves el inmenso mar, ves el horizonte y no puedes hacer otra cosa que dejar volar un alud de pensamientos. Lo que veían nuestros ojos, eran las primeras tierras de Senegal, allí a lo lejos, había una linea invisible que separaba un territorio de otro, o más bien un país de otro. Lineas administrativas que les llamamos nosotros.

Se olía a Senegal, a calor, a humo, a Harmattan, ese viento proveniente del Sahara, llegaba hasta aquí para chocar con estas moles de roca de cientos de metros. A partir de aquí otro clima, otra vegetación, otro sur.

El lugar nos dio de lleno, estuvimos más noches que días. Los atardeceres, la luna africana, los amaneceres eran tan y tan espectaculares. Ocupábamos el día con cualquier cosa, un libro infinito, una música motivadora, que te hiciese todavía viajar más, y siempre al filo del abismo, notando el aire africano, en nuestra parcela rectangular Guineana. Oye, me pregunta Rut, y de tu dama que sabemos?.

El día que decidimos partir la encontramos. Hay estaba ella para despedirnos. Era ella, su esbelta y erótica figura, sus pechos, su perfil, era hermosa, es hermosa. Yo se que nos dijo un hasta pronto, porque este lugar tiene tanta magia que se ha de volver de nuevo camino de otra África.
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 3rd, 16, 07:32

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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 11th, 16, 17:55

La pista para bajar de las nubes fue realmente trabajosa. Muestra de ello, eran las auténticas chatarras aparcadas en la plaza del pueblo, y que daban muestra del trato que recibían Eran los únicos vehículos que circulaban por aquellos remotos lugares. Recuerdo dos Nissans como el nuestro y un Montero. Tenían trozos de chapa atados con alambres, las vigas que soportan la estructura, presentaba dobleces, y los amortiguadores, eran inexistentes o simbólicos. Eran vehículos, llevados hasta el final, hasta la caducidad de los metales. La gente se agolpaba para poder subirse y recorrer los kilómetros que separaban este importante pueblo con las aldeas lejanas. Eso si era un auténtico y temerario viaje.

Teníamos que ir del pueblo de Mali hasta Koundara, ese era el objetivo para esa semana. Es una ruta de Este a Oeste, dirección Guinea Bissau, una muy entretenida ruta. Bajadas que hacían sudar, con subidas un pelín comprometidas y muchísimo "callu". Recuerdo perfectamente la frase "vocú de callú", la tengo grabada a fuego en mi cabeza. "vocu de callú" quería decir mucha piedra. Es una pista tortuosa, con constantes desafíos, y múltiples dificultades, resbaladiza, húmeda y que hacía trabajar la tracción del coche al 100%. Fueron muchísimas las veces que Rut tenía que bajarse y "leer" cual era la mejor trazada para no quedarnos empanzados en las rocas o no romper nada serio del Nissan. 1 día entero tardamos para recorrer 40 kilómetros.

Este tramo acaba en una fondalada entre montañas y con un cruce de caminos. Al norte, te ibas dirección Senegal, dirección al paso fronterizo de Dindéfelo, y al Oeste, nuestro camino. De nuevo teníamos que volver a remontar montañas. A ratos buena pista, a ratos tortuosos caminos. Descubrimos, también, en esta ruta, que cualquier cosa con ruedas que se mueva en la dirección que corresponda al interés de la población local , sirve para que polizontes, en forma de diminutas personas, trepen al paragolpes, a la rueda de recambio, incluso al techo del coche. Había veces que tenía que para el coche y sacudírnoslos de encima. Por la orografía de la pista, el Nissan llegaba a tumbar tanto que, teníamos pánico de no hacer daño a ningún invitado. Intentábamos hacer la vista gorda, pero no éramos excelentísimos buenos anfitriones.

Y así fuimos haciendo. Lentamente nos fuimos acercando a Guinea Bissau y ya se notaba, en cierta manera, que la humedad volvía a estar presente en el ambiente. La vegetación cada vez más exuberante, el terreno húmedo, pequeños manglares y lagunas perdidas en las montañas, cascadas lejanas que te devolvían recuerdos de antiguas aventuras y muchísimo pasto, tanto que, inundaba el radiador del Patrol. La pista dejaba de existir para ser ocupada por esta hierba alta. Costaba muchísimo avanzar.

Bajamos de las montañas para caer de lleno en un laberinto de pistas sin orden ninguno. Teníamos que marcar en el GPS el rumbo y elegir la trazada más o menos correcta. Era como si un rio, de repente formase un delta, en el que tenías que elegir la mejor vía para no quedar varado en la arena, y de repente, todas sus venas se juntasen de golpe para formar una nueva arteria. Así fue la llegada a Koundara, un tremendo lío.

Ya estábamos cerca de la frontera con Guinea-Bissau. Y por ahí andaba el mapa de este pequeño país. Estábamos tentados de introducir nuestro hocico explorador en este territorio, en estas tierras de habla portuguesa. La decisión se tomó rápido. Seguimos en Conakry. No recuerdo que motivo planteamos para tomar ese rumbo. Supongo que dejar deberes para otra ocasión.
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 11th, 16, 17:59

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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 15th, 16, 09:08

Cuando escribo la crónica, me ayuda mucho a recordar, tener el mapa de Guinea cerca. Lo miro, recorro visualmente la ruta que hicimos y escribo una notita que me recuerda que aquí pasó algo interesante. Esta vez, he seguido con la mirada la ruta que hicimos y solo recuerdo cansancio. Es la palabra que me ha venido a la cabeza, la primera. Cansancio, luego ya han venido polvo, calor, contracturas en la espalda, dolor, baches, agujeros.... Aquí nos equivocamos, o quizá esta no sea la palabra. Quizá lo oportuno sería decir, que esta parte no la volveríamos a hacer si volviésemos por estas tierras.

Fue la parte más dura de todo el viaje. Si que hubieron momentos difíciles, cuando estuvimos gestionando el problema de Asier, momentos puntualmente tensos en alguna frontera y también acciones imprudentes, que lejos de darle la salsa al viaje, lo que conseguían era amueblarnos bien la cabeza para otras ocasiones, pero dureza, lo que se dice pasarlo mal, este recorrido fue el peor. Son muchísimos kilómetros de pista roja, desde Koundara hasta el océano, desde el Norte hasta el Sur. Esta debe ser la pista con más agujeros por metro cuadrado de África, le iba diciendo a Rut.

Además tenía pocos atractivos. Empezábamos los días más tarde de lo normal y los acabábamos más pronto de lo habitual. Frecuentemente nos cruzábamos con una hilera de 40 0 50 coches a toda velocidad dirección Norte, uno detrás de otro. Esto ocurría unas dos veces al día. Formaba un interrogante la mar de curioso, el saber de que iba la historia de estos coches. Mira por ahí vienen otra vez. Formaban una nube de polvo inmensa y a toda velocidad, iban pasando sin perdonar ni un solo agujero. La mayoría de ellos eran turismos normales. Más tarde, nos enteramos, que estos vehículos llegaban al puerto de Conakry en barcos cargueros, procedentes de Europa, y que, mediante la arteria de tierra roja que andábamos pisando, se desplazaban hacia las fronteras Sur de Senegal para dar el paso a este país, y formar parte de su parque automovilístico. Esto fue un pensamiento mio, pero recordé, por aquel entonces, de los coches del plan PIVE, os acordáis?, pudiera ser posible.

Por estas tierras, por estas fronteras, se trafican con infinidad de cosas y artefactos. Uno de los días, estuvimos compartiendo kilómetros de ruta con un trailer, que en la zona de carga llevaba un camión rígido y este a su vez cargaba con una furgoneta. Hablando con ellos, venían de España, y habían juntado el rompecabezas en Marruecos. Se quejaban de que en todas las fronteras y controles habían tenido que pagar mordida. No era de extrañar. Hasta en países tan beligerantes como estos, ir con un circo así, llamaba la atención.

La ruta, en esta ocasión, acabó en Boké, otro pueblo camino de algo más, y en el que pasamos algún día descansando del palizón de la pista. Sirvió para repasar a fondo el Nissan, poner nuestras espaldas en su sitio, comprar muchísimas telas de infinitos colores, y como siempre, cambiar dinero. Esta vez, cambiamos la naturaleza por la urbe. Con estos viajes, aprendes a leerte muy bien, a saber que es lo que, sobretodo, tu mente necesita. El físico, casi siempre, necesita descanso, pero la mente es más compleja y aprenderte tu propio lenguaje interior, requiere extremos. Esta vez, nos pedía pasear, nos pedía ir cogidos de la mano y reír, relajarnos, caminar no rodar. La intensidad del viaje no había menguado nada desde que empezó, con diferentes aspectos, esa intensidad se había ido presentando y necesitábamos detenerla, aunque fuese durante uno o dos días.

El viaje nos pedía hacer una pequeña pausa, nada, uno o dos días de cero movimiento, para cargar pilas. Fueron, de nuevo, días de abrir mapas, hacer planes, decantarse por zonas, tomar decisiones y disfrutar de nosotros mismos.
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 15th, 16, 09:11

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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor Oscar01 » Dic 24th, 16, 00:05

Estoy alucinado con las crónicas, o puedes dejarlo aquí,..
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor Javier » Dic 26th, 16, 23:31

Se vive el viaje linea a linea del texto....!!!!
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 27th, 16, 20:20

Aquí en Guinea, ocurre una cosa curiosa. Este país, no puede auto abastecerse de energía eléctrica, no tiene presas, no tiene térmicas, es un país tan poco tocado por la industria que necesita comprar esa energía a los vecinos. En el caso de Guinea, el vecino que lo alimenta es Costa de Marfil, y solo alimenta las grandes ciudades como Conakry, Boqué, Labé.... y solo por la noche. Si algún día viajáis y pernoctáis en un hotel de mediocre calidad, aquí en Guinea, os daréis cuenta rápido. La luz y el aire acondicionado, solo funcionan a partir de las 22h hasta las 5h y supongo que en hoteles ya de otro tipo de categoría, pues tendrán su generador.

Porqué explico esto, pues porque de esta manera, con muchísima humedad y alumbrados por la luz de unas velas y nuestros frontales, trazamos, en el camastro de nuestra habitación, la ruta, que durante las siguientes semanas, nos llevarían hasta la puerta de Sierra Leona. Sudando a gorgotones, esperando que llegasen las 22h, con el mapa desplegado, y con dos latas de Malta fresquitas, íbamos siguiendo las lineas que nos marcaba nuestro nuevo destino. Supongo que algo refrescaba, el ver, que el track que nos marcamos, pasaba en su integridad, pegados a nuestro mar, a nuestro azulísimo océano, y así, de esta guisa, y comiendo mandioca, llegaron las 22, la luz, el fresquito, y algo de energía para poder ver una peli en el portátil.

Nos despedimos del dueño del hotel. Esta gente, no están nada acostumbrados a que turistas con su propio vehículo, pasen alguna noche en su establecimiento, y el trato que te dan es más familiar que no comercial, casi siempre acabábamos conociendo a toda la familia del dueño, y compartiendo alguna cena con ellos. Muchas veces empiezas tu camino, con un par de números de teléfono, que ellos te aseguran, te podrían servir de ayuda en caso de apuro.

Seguíamos ruta hacia el Sur Oeste, directos al mar. Rut fue la primera que vio su gran azul. Estábamos de nuevo delante de el, nos asaltó, de manera simultanea, esa melancolía de estar tan lejos de lo conocido, de amigos y familia, el mar es lo que tiene, te abre un agujero en el corazón tan grande como su horizonte, pero a la vez nos dio alegría. Verlo significaba poder dormir en sus orillas, bañarnos en sus aguas y olerlo, palparlo. Teníamos intención de montarnos nuestro propio "oasis" en algún rincón y pasar mucho tiempo quietos, sin baibenes, sin aventuras, parando la intensidad del viaje, calmándolo todo.

Dejamos la cinta negra, ya nada más ver el mar. Empezamos a husmear las pistas que iban perpendiculares al océano, en busca de nuestras palmeras y nuestra arena y de momento era frustrante chocar una y otra vez con arrozales y marismas impenetrables. Toda la costa de Conakry iba a ser así?. Otra pista más y por lo que veíamos en el GPS, esta iba intentando cada vez más, acercarse al final de la tierra.

Fue el descubrimiento, el inicio, un amor, un encanto, un sueño, lo encontramos.
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Dic 27th, 16, 20:25

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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Ene 13th, 17, 05:21

Nunca hemos estado en el paraíso, nunca hemos estado en las playas del Caribe , ni las de la Polinesia, pero a nosotros, que éramos almas de ciudad venidas a menos, nos pareció un lugar aparte, un mundo diferente. Me cuesta horrores, describir esta parte de la crónica. Puedes encontrar palabras que puedan dar algo de emoción a una aventura o describir una situación particular y conseguir crear algo de agobio con lo que uno lee. Pero describir lugares como este, a mi, no se me da bien, se me escapa de las manos. Pienso que lo mejor es callar y que las imágenes hablen por si mismas.

Es un lugar maravilloso en todos los cientos de maneras que puede ser un lugar como este. Los primeros días, estuvimos alojados en una especie de “Campament”, que habían montado para que los pocos turistas que se aventuran a venir por aquí, pudiesen sentirse tranquilos y alejados del contacto con los locales. Era un lugar aislado, no había ninguna aldea cercana, y el único contacto que teníamos era con el dueño del lugar.

Uno de los días, haciendo pistas buscando alguna cosa para comer, preguntando aquí y allá, paso por delante nuestro un blanco en una moto. Un blanco sin casco y con un ciclomotor. Estaba claro que este tipo no era un aventurero en una moto capaz de invadir un país. Lo vimos y nos vio. Dio la vuelta a la moto y estupefacto, se nos plantó delante, como si acabase de ver un ovni. Nos preguntó que de donde habíamos salido. Y si el preguntaba, nosotros nos íbamos a ser menos.
Estuvimos un buen rato, en medio de la pista, enlazando una pregunta con otra, una respuesta con otra. Reinaba la calma en la conversación pero no había respiro ni momentos muertos. El tipo en cuestión, es francés y vive junto a su mujer, también francesa, en una aldea, llamada Goré. Son dos cincuentones que viven allí, dos aventureros que se cansaron de aventurear y que al llegar aquí, tomaron la decisión de no moverse más. Se hicieron una casita en la aldea y allí viven muy muy felizmente.

El, se dedica a hacer de intermediario entre el gobierno francés y las asociaciones que aquí quieren construir escuelas, hace de filtro, entre unos y otros. En sus ratos libres, que son todos, se dedica a ayudar en la construcción de un colegio y a buscar langostas con un kayukito que se hizo hacer. Ella, se dedica a escribir y pasear por la orilla del mar, a aprender el idioma y a relacionarse.

Nosotros nos instalamos en una cabañita alejada de la aldea y a escasos metros el agua. Ese fue nuestro hogar durante una docena de días. Nos dedicamos a leer, a pasear. Cada noche sin falta, ver la puesta de sol sentados en la arena y unas noches conversando y otras en silencio contemplar como el cielo se llenaba de estrellas. Notar la brisa marina, ver quemar la madera mientras los niños cantaban sus canciones.

Comíamos de ayudar a los pescadores a desenredar las redes. Ellos nos daban una parte equitativa al tiempo que estábamos en la faena, en pescado. Era un sencillísimo trueque. Era algo divino, hermoso. Los niños trepaban y nos ofrecían cocos, a cambio de montar la cinta de equilibrio o a cambio, simplemente, de estar con nosotros.

Nos asaltaron tantísimas dudas. Podíamos convertir nuestro viaje en nuestra vida?
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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Ene 13th, 17, 05:25

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Re: crónica de viaje a África I y II

Notapor oskar » Ene 13th, 17, 05:25

Por la mañana, antes de que el sol comenzase a calentar la superficie del agua, la niebla era la dueña del lugar y le daba un aspecto fantasmagórico, se colaba entre las palmeras y hacía que el mar, pareciese en ebullición. Y con los primeros rayos del día, empezaba el movimiento. La niebla se levantaba, y con ella, la gente. Nosotros acabamos por ser parte de su rutina. Los críos de las aldeas vecinas y de las cabañas que bordeaban esta parte de mar, utilizaban la orilla para desplazarse al colegio de Goré, y cuando pasaban por nuestro lado, al principio eran todo recelos,pero con la inocencia, que solo un niño tiene, empezaron los primeros saludos y las primeras confianzas.

Todos nos saludaban a su paso, niños que iban al colegio y las mujeres que iban a comprar. Los hombres, ya hacia un buen rato, que estaban en la mar pescando. Aprovechaban la pleamar para entrar en el agua, luego el mar se retiraba unos 10 kilómetros para luego volver hasta nosotros con sus barcas llenas de captura. Cada aldea, tenía sus pescadores. Y cuando estos llegaban a la orilla, toda la aldea salía a recibirlos y a separar los peces de la redes. Nos acercamos tímidamente, el primer día, y con los brazos nos dijeron si queríamos formar parte, ese día, ese momento, de la aldea. Luego ya, diariamente, eramos dos más.

Despues de comer, lo pasábamos bañándonos en sus cálidas aguas. Rut que es muy friolera, todavía se asombra de como le llego a gustar tanto bañarse en esas playas. Nos estábamos horas en el agua. Y cuando llegaba el atardecer, llegaban esos momentos sublimes que hacen plantearte muchas cosas. La luz del atardecer te hace sentir especial, te hace ser capaz de cualquier cosa, te llena de alegría. Ya no era la niebla la que se colaba entre las palmeras, eran multitud de naranjas, rojizos, amarillos, los que las rodeaban, los que hacían brillar el mar, los que hacían brillar todavía más nuestros ojos. Estábamos siendo atrapados por este sitio, nos estábamos dejando enamorar. Tranquilidad, paz, hermosura. Nos mirábamos y sin decirlo, como dos personas que se entienden perfectamente, que se complementan, sabíamos lo que sin palabras, pensábamos.

Nuestros amigos franceses, no prometieron que nos ayudarían en todo. El más viejo de la aldea, nos dio su beneplácito para quedarnos, y el mismo, nos buscaría un terreno, donde poder construir una casa, las gentes de Goré, poco a poco, nos fueron aceptando como dos más. Ya no nos hacían sentir como extraños. Ya eran sinceros saludos y miradas de amistad. Llevábamos diez días allí. Nuestras cabezas iban locas. Se podía hacer, estaba claro. Empezar aquí una vida, era viable.

Pero suponemos que fue el miedo. El miedo a que Goré dejase de ser Goré,y se convirtiese en una bonita rutina, hizo que partiésemos de nuevo. Nos dijimos que Goré fue, lo que tenía que ser o lo que buscábamos, la parte más bonita y hermosa de nuestro viaje, la parada a la intensidad, la pausa de la aventura. Imaginamos que nuestras cabezas, sin decírnoslo, buscaban esto, un gran "oasis", una gran parada. Siempre estará allí, entre Boké y Conakry. Fue inmensamente triste, despedirse de todos ellos.
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